SALAS

SALA ROJA

A partir del cuarto y quinto año de edad.


El niño no tiene problemas de adaptación con sus compañeros y maestros. Para ello, necesita de todo nuestro afecto, comprensión y seguridad. Responde muy bien a todas las consignas, es muy activo, juega y participa de tareas grupales. Crea historias y canciones, disfruta con los sonidos de las palabras, las memoriza de algún libro preferido o lee imágenes de cuentos para si y algunos amigos. Una forma de estimularlos es presentarle libros coloridos y con relatos. Es explorador, se interesa por el mundo que los rodea, las plantas y sus formas de vida. Su vocabulario es amplio, puede entablar una conversación grupal y se enriquece escuchando y repitiendo. Le gusta las construcciones con bloques, agrupar y diferenciar elementos, armar rompecabezas, jugar al dominó y a las cartas. Le encanta la magia y los experimentos. La pregunta es su principal instrumento, le interesa el cómo y el porqué. Se interesa por las letras y las palabras, tiene apuro por escribir su nombre, su necesidad de aprender y de explorar es inagotable y se observa ante cada pregunta. Constantemente la docente debe estimularlo y proporcionarle todo tipo de materiales para que el niño pueda enriquecerse. La presentación de diferentes materiales debe satisfacer las necesidades de exploración del niño, también se ofrecen juegos, así se divierte, se enriquece y socializa. Comparte ideas sobre personajes de TV y diferencia los que son para niños, al igual que colores y ropas. Se interesa por la numeración preguntando cuántos dedos tiene en una mano contando caramelos o galletitas. A los 4 y 5 años se encuentra atravesando la etapa pre-operatoria del pensamiento, lo cual implica que puede aprender toda una serie de hechos aislados de modo simultáneo en una síntesis interna. Su pensamiento es estático, con imágenes concretas sin signos abstractos e irreversibles. Posee cierta capacidad de espera y de tolerancia, pero limitada a las circunstancias individuales y del ambiente grupal. Le importa ser escuchado por el adulto, que éste participe de sus juegos y al mismo tiempo colaborar con él. La tarea de la docente es poder dar y recibir en una relación cálida que permita al niño manifestar su afecto. Está maduro para alimentarse, vestirse y en cierta forma higienizarse por sus propios medios. Le gusta colaborar con el adulto en pequeñas tareas diarias, preparar la mesa, repartir galletitas, guardar juguetes, ayudar cuando la actividad lo permita. El niño se inicia hacia el preescolar, esto implica el desafío de lograr una articulación adecuada, respetando los objetivos propios de cada etapa educativa.